Carta abierta a un pueblo dolido

Posted on septiembre 20, 2019, 8:54 pm

Del padre obispo Fernando M. Croxatto


Hay situaciones inesperadas en la vida de los pueblos que nos golpean de manera particular y colectiva, cargados de dolor, violencia, impotencia y que en este nuevo femicidio, tomó rostro y nombre, Cielo.

Como pastor de la iglesia católica en la Diócesis de Neuquén, quiero acercarme a cada persona que hoy, atravesada por el dolor, también se pregunta cómo llegamos a esto, por qué nos suceden estas cosas, cómo enfrentar este tiempo tan lleno de marginaciones, soledades, y con tanta falta de proyectos de vida fecundos.

No es que tengamos la respuesta, pero quisiera proponerles que podamos reflexionar sobre las posibilidades de responder estas preguntas, que nos permitan accionar por el bien común, de manera que juntos, cada uno desde el lugar que nos corresponde, vayamos encontrando las raíces de estos males y así poder reconstruir vínculos familiares y sociales, construyendo puentes de solidaridad, de concordia, de justicia y de una paz social integral y duradera.

El Papa Francisco en la ciudad de Trujillo, Perú dijo: «Los invito a luchar contra esta fuente de sufrimiento (el femicidio) pidiendo que se promueva una legislación y una cultura de repudio de toda forma de violencia».

Hoy Laura, nos trae con su muerte nuevamente esta invitación a luchar contra todo tipo de violencia. Y también Laura nos deja un mensaje claro, le decían “Cielo”. Mirar el cielo, no significa no pisar la tierra y dejar de ver esta “plaga” denominada femicidio. Mirar el cielo es reconocer que todos venimos de un vientre de mujer a una tierra (femenina) que nos impulsa y guía a luchar por todas las vidas en especial por las de ellas. Mirar el cielo es recordar al que bajó del cielo para servirnos, «inclinarse hacia quien tiene necesidad y tenderle la mano, sin cálculos, sin temor, con ternura y comprensión, como Jesús se inclinó a lavar los pies a los apóstoles» (Francisco).

Por todo el dolor que nos reúne hoy, por cada joven que busca un lugar en nuestra tierra, por todos los desafíos que hoy nos implica la realidad que vivimos, aliento a los hombres y las mujeres de cada rincón de Neuquén a trabajar sin prejuicios por una cultura del encuentro, por esa persona que tenemos al lado, sea quien sea que esté sufriendo. Esas personas que necesitan de nuestra escucha atenta, de nuestra paciencia y de las manos tendidas a tiempo.

Y permítanme concluir diciendo, que las buenas estructuras no bastan, como no alcanza la ciencia o la técnica, para encontrar un camino de esperanza, sólo el amor. Y tampoco cualquier amor, ya que todos somos conscientes de lo frágil de nuestro amor humano, que aun siendo fuerte termina destruido por la muerte. “El ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: «Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Rm 8,38-39).

Si existe este amor absoluto con su certeza absoluta, entonces –sólo entonces– el hombre es «redimido», suceda lo que suceda en su caso particular.

El hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza”. (Benedicto XVI)

Como parte y como pastor, abrazo el corazón dolido de nuestro pueblo entero en el corazón amoroso y sufriente de Jesús y de nuestra querida María Auxiliadora.